Dentro de los denominados shloshet haregalim (tres festividades de peregrinaje), Pesaj es la festividad que más nos marca desde el punto de vista de la cantidad de tradiciones y recuerdos que nos trae aparejado.

El séder y su significado es una creación de la tradición judía casi inédita e irrepetible. La salida del pueblo judío de Egipto y la consiguiente liberación marcan el inicio de nuestra historia nacional ya no solo como un grupo de familias o tribus sino como un pueblo con un pasado y un futuro en común.

Al revisar el jametz de nuestros hogares y limpiarlos debemos simbólicamente sacar de cada uno de nosotros el aire de la soberbia y la vanidad que nos “infla” y nos “hincha” de manera artificial convirtiéndonos a menudo en sujetos engreídos y vanidosos. Los recuerdos del seder están habitualmente ligados a olores y sabores que nos retrotraen a las casas de nuestros padres y abuelos y nos traen nostalgias de épocas felices de nuestra infancia y adolescencia.

El número 4 se repite en distintos momentos de la festividad: 4 preguntas que formula el más pequeño, 4 hijos de los que nos habla la hagada,4 copas que están presentes en la mesa del seder, son todos símbolos de una noche muy especial que nos permite reunirnos en familia y en comunidad.
Los sabios sostienen que por 4 razones fueron salvados los hebreos de la esclavitud y consiguieron la liberación: porque no cambiaron sus nombres, no cambiaron su lengua, no cambiaron sus vestimentas, y por las mujeres justas. Es decir mantuvieron a pesar de todo su identidad.

En el hemisferio norte, en la tierra de Israel es la época de la llegada de la primavera, del cambio de estación, es también el momento de comprometernos con las tradiciones de nuestro pueblo, con sus enseñanzas profundas y significativas.

La palabra Pesaj, proviene del hebreo bíblico en el que el término “pasajti” significa “saltear” porque en la última de las 10 plagas con que D-s castigó a los egipcios, el Todopoderoso salteó las casa de los hebreos evitando herir a los primogénitos y de esta manera permitiendo que pudieran salir en el Éxodo.
Al coincidir el primer día de Pesaj con Shabat, no se lee la parasha que correspondería a este sábado de acuerdo al orden correspondiente y en su lugar se lee una breve porción del libro de Shemot que relata el Éxodo de los bnei Israel de Egipto.

Pueda esta época que comenzamos a vivir darnos la posibilidad de “saltear” nuestras mezquindades, soberbias y vanidades ayudándonos a construir desde nuestra humildad similar a la matza una sociedad más justa y menos cruel, una sociedad de hombres y mujeres libres y responsables.

Shabat shalom y Pesaj kasher vesameaj!!!

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

Título: Maimónides pensamientos para el siglo XX
Autor: Mario Eduardo Cohen
Género: Ensayo
Editorial: Editorial Científica y Literaria Maimónides, Argentina, 2017

Las obras del genial filósofo y rabino Maimónides (Rambam), generaron y generan ediciones, traducciones, reediciones y estudios para llenar bibliotecas enteras.

En las últimas décadas se han profundizados los estudios sobre Maimónides y se han generado nuevas visiones sobre su vida. Nuevos y fascinantes descubrimientos en documentos obtenidos en la Guenizá de El Cairo permiten tener hoy otras perspectivas, sobre algunos temas, distintas a lo que se escribía hace algunas décadas.

Maimónides merece llamarse sabio en el más amplio sentido de la palabra. Sus ideas éticas, en especial las relacionadas con la humildad y la solidaridad, siguen teniendo plena vigencia. David Gonzalo Maeso sintetiza la figura de Maimónides llamándolo” Genio Universal”. Por ello es elogiable el trabajo de Mario Eduardo Cohen, valioso intelectual que se ha especializado en la obra del sabio español aportando artículos y estudios. El lector de este libro, editado por la Universidad Maimónides (Buenos Aires), y en cooperación con la embajada española, tomará conciencia de la grandeza del sabio hebreo cordobés.

Mario Cohen en esta obra revive la obra de Rambam para el hombre de nuestro tiempo. Cohen es profesor de Historia y contador público y se ha especializado, entre otros temas, en la historia y la cultura de los judíos sefaradíes. Desde 1985 Cohen es editor de la revista Sefárdica. Desde 1997 preside el instituto de investigación CIDICSEF. Curador de varias exposiciones y autor de varios CD de temáticas judías, disertó en universidades como la de Nueva York, Londres, Universidad Hebrea de Jerusalem y la Real Academia Española. Es profesor de la cátedra Maimónides en la universidad del mismo nombre.
Sus trabajos han sido publicados en Argentina, España, Venezuela, Holanda, Israel. Es colaborador de los diarios Clarín, La Nación y Perfil. Fue distinguido por el rey de España en 1994.

Maimónides pensamientos para el siglo XXI trata de una obra de divulgación actualizada del gran sabio hispano judío que recoge el resultado de las últimas investigaciones que generaron un acercamiento a aspectos novedosos su vida y legado.

Tres instituciones colaboraron para que la publicación pudiera ser realidad este libro: la Universidad de Cambridge, que cedió documentos de puño y letra originales del sabio; el Ministerio de Cultura de España, que brindó la bibliografía total sobre Maimónides (en todos los idiomas occidentales); y la Universidad Maimónides, que estuvo a cargo del diseño y producción del libro. Además, colaboraron afamados investigadores, autoridades en la materia, rabinos y correctores.

El libro contiene, además de centenares de citas del filósofo, textos que por primera vez se publican en español, decenas de sentencias morales, consejos médicos que siguen teniendo actualidad, una cronología, un glosario de los términos utilizados, un índice onomástico y una bibliografía completa.

Como es un hecho conocido, Maimónides fue un rabino judío que influenció también en la escolástica cristiana y fue citado también por los musulmanes. Quizás sea la única personalidad que fue consultada por pensadores de las tres grandes religiones monoteístas.

Este libro se refiere a casi todas las disciplinas abarcadas por el genial sabio y pensador que fue Maimónides: Medicina, Astronomía, Ética, Lógica, Legislación, Filosofía y Metafísica. Pasaron más de 800 años desde su desaparición física, sin embargo sus conceptos fundamentales siguen teniendo, en nuestros días, plena vigencia.

En síntesis, el presente libro viene a ocupar un lugar vacante en el ámbito de la literatura latinoamericana, brindando la posibilidad a sus lectores de acceder a un texto actualizado sobre el pensamiento de Maimónides.

 

 

 

 

A días del Seder de Pesaj sería útil encontrar simbología vinculada al número “tres”. Excepto que Pesaj es una de las tres festividades de peregrinación (antaño al Templo de Jerusalém), es más bien el número “cuatro” el que nos apela: cuatro copas; cuatro preguntas; cuatro hijos. Sí, hay cinco rabinos que discuten, y sí, son tres trozos de matzá que se guardan. Pero Pesaj es acerca del “cuatro”: una suerte de corte de dos ejes que genera cuatro espacios temporales a ser llenados, simbolizados por las cuatro copas; es acerca de cuatro preguntas cuyas respuestas definen la festividad; es acerca de cuatro hijos que representan nuestra actitud hacia ella. Por ser fundacional, acerca e cómo llenamos los espacios y el tiempo, cómo entendemos las respuestas, y qué clase de hijos representamos, hacen de Pesaj tal vez la festividad más metonímica del judaísmo: podemos tomar la parte por el todo. Transitar Pesaj es aproximarse a comprender la esencia de nuestro ser judío.
Pesaj nos presupone mayormente como un hijo entre los dos primeros: el “sabio” o inteligente, o el “malvado” o despectivo: ya sea desde el mayor compromiso e involucramiento posible o desde la más cruel y agresiva indiferencia, pasando por todos los matices, todos tendemos a comportarnos como esos dos hijos. Tal vez por eso el texto, en estos dos casos, es más extenso y detallado. Por otro lado, el hijo “ingenuo” o inocente y el hijo “que no sabe preguntar” o tonto, están narrados con menos lenguaje y vocabulario. Pesaj nos obliga a incluir el mero asombro o perplejidad, la lisa y llana incapacidad de expresión o comprensión con la que muchas veces debemos afrontar la realidad.

El hijo “sabio” que describe la Hagadá tiene mucho de pedante y poco de inteligente: quiere saber “testimonios, leyes, y juicios” ordenados por Dios. Una vez más nuestra tradición encuentra una respuesta que si bien contesta la pregunta, deja abiertas otras tantas preguntas y otras tantas respuestas: “no se finaliza la cena del Seder con el afikomán”. No sabemos si el “sabio” repregunta o si se conforma; después de todo, él pidió en plural y le contestaron en singular; él quería saberlo TODO, y le contestaron que, aún después del afikoman, había Seder para largo (lo cual nos sucede a todos en la vida real). Tal vez podamos pensar la contestación de la Hagadá como una respuesta inesperada a una pregunta sarcástica: si quieres saber todas las normas de Pesaj, primero entiende que tienes que transitar la totalidad del Seder; la ampulosidad de la pregunta resalta la simpleza y contundencia de la respuesta.

El hijo “malvado” demanda explicación: el texto define su “maldad”: el hijo “malvado” es aquel que en inglés llamamos “a self-hating Jew”, un judío que odia su origen, y por lo tanto, se autoexcluye del “servicio religioso” o Seder de Pesaj. Cabe preguntarse quién es más “malvado”: si el hijo preguntón o la respuesta que indica el texto. Porque si ese hijo ya se autoexcluye, el texto termina de empujarlo fuera. No sentirse parte del colectivo parece ser para la Hagadá tradicional, una falta que merece la expulsión; al punto de que, de haber estado en Egipto, ese hijo no se hubiera salvado. Un poco más tarde la Hagadá nos cuenta qué pasó con los hijos que no se salvaron… De modo que este segundo hijo no es tanto malo en sí mismo sino despectivo, pero provoca una respuesta malvada. Este hijo presenta todo un desafío.
Es curioso que la respuesta al hijo “malvado” hace hincapié en el uso de la tercera persona del plural por parte del hijo: “ustedes”. Está claro que en este caso refuerza el sentido de autoexclusión. Sin embargo, el hijo “sabio” usa la misma voz: Dios les mandó las normas a “ustedes”. ¿El hijo “sabio” también se autoexcluye? ¿Acaso él ya sabe y su pregunta es retórica? En todo caso podemos decir que el hijo “malvado” es agresivo pero directo, mientras que el hijo “sabio” es seductor pero engañoso.

El hijo “ingenuo” y el hijo “que no sabe preguntar” son carentes de sabiduría, maldad, y segundas intenciones; sus preguntas son breves o inexistentes: “¿Qué es esto?” pregunta el ingenuo, y recibe como respuesta un estímulo sensorial vinculado con la fuerza y lo milagroso, una respuesta que excede la sabiduría del “sabio” y responde a la activa indiferencia del “malvado”. El hijo “ingenuo” es nuestra capacidad de asombrarnos y creer.

El cuarto hijo “no puede preguntar”: ¿es mudo? Acaso no puede, acaso pregunta con la mirada, con su actitud. De la compleja sofisticación de los dos hijos que llamaremos mayores a estos dos que llamaremos menores, hay un proceso exactamente inverso a la maduración de un niño. El cuarto hijo es el recién nacido, y a él (o ella, claro), debemos “iniciarlo”, debemos educarlo. Algún día hará la pregunta breve e ingenua de su siguiente hermano, más adelante pasará la etapa de la rebeldía del “malvado”, hasta que algún día se convertirá en un hijo “sabio” a quién deberemos poner en su lugar. La etapa más frágil es la del hijo “malvado”: podemos perderlo del todo.

En cualquier caso, hay cuatro hijos, cuatro respuestas, e infinidad de interpretaciones, pero sólo tres hijos que pueden decir algo; el cuarto hijo siempre calla. Todos deberíamos ser, en algún momento, como el cuarto hijo; no saber preguntar de modo que nos cuenten, una vez más, la historia de Pesaj, de la salida de Egipto: “en aquel día le contarás a tu hijo diciéndole…”

Porque “todo lo que nos extendamos (y profundicemos) en el relato de la salida de Egipto, será digno de alabanza”.

Fuente: http://sefarad-asturias.org

 

 

 

 

 

 


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